Los proyectos de escritura me entusiasman muchísimo. La sola idea de tener una historia que contar, nutrirla con escenarios y personajes, me hace saltar de emoción, y normalmente alimento esas ideas fugaces en mi mente, mientras camino y escucha alguna canción que me inspire a cierta escena o momento. ¡Se ven taaaan bien! Puedo comenzar a escribir con emoción, llegar a la página 6 o 10, y de pronto... siento que debería cambiar absolutamente todo. No estoy feliz con lo que he escrito, no estoy segura que el inicio que le he dado sea el seguro, me queda claro que no he logrado capturar al lector en la primera página, etc., etc, etc. Comienzo a preguntarme, ¿quién va a querer leer esto? Es un buen concepto para una novela pero es inconsistente. Después, abandono el proyecto.
Ese fue el resumen que, prácticamente le di a mi terapeuta cuando me preguntó a qué quería dedicarme en realidad y yo respondí "me gustaría escribir". Sugirió que lo intentara porque seguramente no crearía historias tan tóxicas como After, de Anna Todd. Tengo algo que ofrecerle la mundo, ¿no? Tal vez son esas conversaciones, escenas e ideas que tengo dentro de esta cabecita. Además, me dijo algo que se me quedó muy grabado: "Me da la impresión que eres buena, pero también demasiado dura contigo misma." Y tal vez sus palabras fueron lo que necesitaba para que yo pensara: ¿qué más da?