Alabadme, pues he resucitado.
Tomando en cuenta que me fui casi un mes, creo que les debo al menos el resumen de lo que hice en Febrero. Así que esperen un Wrap Up muy flaco. Hoy, solo vendré a dejarles una reseñica de un libro que a la mayoría le parece entrañable: Matilda, de Roald Dahl.
Recuerdo haber visto la película Matilda de Danny DeVito cuando era muy pequeña. Incluso en aquellos tiempos, ya contaba con una imaginación tan grande que había construido una vida alternativa (en la que luchaba contra los hunos, de vez cuando le hacía a la artisteada y conocía a príncipes apuestos). Obviamente, cuando esta historia me entró por los ojotes, no dudé en añadir la telequinesia a mi vida alternativa. Era muy buena, no me juzguen. Desde ese entonces quedé prendida de la historia, pero fue hasta hace unos años que descubrí que en realidad era un cuento infantil. A la menor oportunidad, compré este libro para hacer un regalo y aprovechar para leerlo.
Comentarios generales
Supongo que esperaba algo muy similar a la película. Y fue lo que encontré en el cuento escrito por Roald Dahl, pero no logré conectar del todo. La verdad es que no hay mucho qué decir sobre esta historia sin contarles todo porque ciertamente la trama no es nada complicada. Es un libro para niños y aunque habla de muchos temas, no se complica tanto en contar las cosas. Matilda lleva por título el nombre de su protagonista, una niña prodigio que devora libros a diestra y siniestra; para colmo, vive con sus padres y su hermano mayor, todos son unas personas terribles. Creo que los Dursleys se quedan cortos a lado de los padres de Matilda, porque siempre tienen unas ganas tremendas de hacerla sentir fuera de lugar, miserable, sin valor, de hacerla sentir idiota. La odian y no hay duda de ello, ni siquiera tienen una razón. Por si fuera poco, Matilda también se las ve duras en el colegio porque la directora, la Srita. Tronchatoro, es una malvada que tortura a los niños y que intenta castigar a Matilda por las babosadas de su padre.

