Cuando la expectativa no se cumple, pero la lectura satisface
No voy a negar que mi superficialidad afloró con la portada de Crenshaw desde la primera vez que lo vi. La cosa es muy sencilla: los gatos me encantan. Pero los gatos gigantes me derriten. Simplemente no puedo pasar por alto una portada tan adorable, enternecedora y sí, llena de nostalgia. Los tonos violáceos y azules, Jacks y Crenshaw mirando hacia el bosque y las hojitas en el suelo me transmitieron nostalgia. El pelito aracho de la cabecita de Crenshaw me hizo querer rascarle la cabeza (y de paso alborotárselo más).
No sabía de qué trataba el libro, porque aunque leí su sinópsis en algún momento, la olvidé. Solo sabía que quería este libro por su portada. Solo tenía una sola expectativa: que este libro tuviese un contenido tan entrañable que se me pegara al alma como lo hizo Memorias de un amigo imaginario (leer reseña). Quería idolatrar este libro y decirle a medio mundo: DEBES LEER CRENSHAW PORQUE VA DE UN GATO GIGANTE. Cosa que puede resultar bastante patética y tonta, ya que el que contenga un gato no lo hace un buen libro. Pero en fin, ustedes me entienden... Sucede que esta novela tiene personajes sencillos y que, si te hundes un poco más en ellos, terminan siendo complejos; su trama es tan simple que parece que no tiene. A pesar de ser un libro para niños, trama temas difíciles.


