12/5/17

Imaginatura café | Bookworm: viviendo el cliché

Algunos días, a Dominó le toca ir al médico por fisioterapia, y yo como su guardiana principal tengo que llevarlo. Antes solía leer mientras lo esperaba, pero últimamente decidí que debía comenzar a salir un poco más y perder el miedo a hacer cosas sola. Normalmente me da muchísima ansiedad ir a comprar un café por la mañana o comer en un lugar público. Hay muchas cosas que he querido hacer y que no he hecho por la ansiedad, así que estoy dando pasitos como un bebé que apenas aprende a caminar. Resulta que algunas de estas cosas se relacionan con los clichés que normalmente se le adjudican a los lectores apasionados, ¡y ahí fue donde surgió la idea de hacer esta entrada! Así que hoy les hablaré resumidamente de los clichés que me gusta vivir, los que genuinamente son parte  de mí. No los vivo para cumplir con la imagen de bookworm ni para presumir; simplemente están allí.


1. Comer chocolate mientras leo. Bueno, este no sé si es un cliché precisamente, aunque lo vi en Corazón de Tinta de Cornelia Funke. A Mo le encanta el chocolate y cuando leí eso sentí que yo era Mo. Es más, a veces ni siquiera tiene que ser una barra de chocolate. Puede ser krankys, chocorroles, o unos deliciosos cheetos torciditos porque soy una glotona a muerte. Normalmente no hago esto porque la mayoría del tiempo leo en el autobús y ahí no hay demasiado espacio para ir comiendo, tampoco es que me haga mucha gracia consumir tanta azucar a las 7:00 de la mañana ha ha  ̄▽ ̄


2. Tomar café mientras leo. Si hay un cliché que he amado desde que comencé a leer, es este. Desafortunadamente vivo en un lugar en el que la mayoría del tiempo hace un calor del inframundo, así que no es muy cómodo estar bebiendo café a media tarde o noche cuando aun hay un bochorno de muerte y lees acostado en cama porque: 1) la sobrecama parece el suelo en llamas del inframundo, 2) ya estás chorreando sudor por el calor como para consumir más calor. Así que este cliché generalmente vive en mí solamente en época de lluvia y en invierno. En la oficina sí consumo café (dos tazas muy cargadas diarias) porque ya se me hizo costumbre y además, el café es vida. Estoy planeando ir a beber café a alguna cafetería y leer, aunque mis topes de ansiedad me lo han negado durante mucho tiempo creo que ya es hora de intentarlo. Quizá algún día les cuente la experiencia. 

3. Leer en espacios públicos. Leo en el bus desde hace muchos años, pero comencé a hacerlo rutinario en Agosto del 2014 porque fue cuando comencé a trabajar y desde entonces, tardo más o menos unos 35 minutos en el transporte para ir, y la misma cantidad para regresar. En este cliché me refiero a otros espacios públicos: parques. Descubrí que no puedo leer bien en el parque del centro porque hay mucha gente, niños gritando, tiendas hablando por el micrófono y señoras que se sientan cerca de mí y no paran de regañar a los niños que gritan. Ayer, me tocó dar la vuelta con Dominó y descubrí otro parque pequeñito donde no hay ruidos mayores. Lo que ocasionalmente se escucha es el motor de los coches, algunos claxons y la música a tope de algún conductor. ¡Así que creo que ya encontré mi parque!

4. Siempre cargar con un libro aunque no lo lea. Dicen que los lectores siempre cargan con un libro en su mochila. Bueno, esto sí lo hago. No sé si habrá la necesidad de tomar un libro y sumergirse en un mundo diferente. Nunca sabes qué es lo que va a pasar, así que mejor prevenir que lamentar. Eso sí, a veces cargo libros y no los leo. Eso ocurre la mayor parte del tiempo (ya saben que me dan mis rachitas en las que no puedo leer ni un poquito). 

5. Tener gatos. La felicidad es tener un buen libro y un gato. ¡Pues ...!
Vale, solo tengo ocho más dos comunitarios que realmente no son míos pero los quiero mucho y los alimento, así que digo que tengo diez. Por alguna extraña razón, me parece que los gatos se ven chulísimos por sí solos, pero con libros se vuelven los dueños del universo. El amor por los mininos ha sido tan grande que inspiró el desafío literigatos que hemos hecho desde hace varios años. Honestamente, yo no sé cómo pude vivir tantos años sin gozar de la compañía de un gatito.
Los gatos son como los libros.
Es un desperdicio de tiempo intentar explicar su valor a aquellos que no los aprecian. 
Bueno, estos son los clichés que me gusta vivir. ¿Ustedes han pensado en qué clichés viven de forma natural? La verdad es que, cuando son parte de uno mismo, ni siquiera parecen clichés, ni por un poquito. 

Me despido, preciosuras. Nos leemos la próxima semana. 

5 comentarios:

  1. Me voy a tatuar esa frase! ok no, pero está genial.
    A mi al contrario me encanta hacer cosas sola, desde ir por un café hasta ir al cine! lo que me da ansiedad es hacer nuevas amistades en persona, por eso me encanta el mundo blogger.
    Yo toda la vida dije que los perros eran lo mejor pero desde que tengo a mis dos gatitos, creo que amo mas a los gatos.
    Espero tengas un gran fin de semana Ana!

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  2. ¡Hola!
    Compartimos todos los clichés xD excepto el gato, porque mi mamá era señora de pajaritos y nunca se me hizo el gato, aunque sí los perros.
    También un poco menos lo de comer, porque pasé unos años viviendo en la biblioteca y ahí no se puede :c pero funciona al revés, siempre siempre que como me llevo el libro...medio trampa, porque siempre tengo alguno a la mano. Supongo que tiene que ver con la ansiedad, que también me atormenta, porque no soporto la idea de no tener algo que hacer estando fuera de casa :S
    En fin, me encanta la idea de la entrada. Todos llevamos en el corazoncito algún cliché, que no por nada existen.

    Nos leemos~

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  3. Lo del chocolate no creo que sea un cliché, y lo de los gatos tampoco lo creía, pero ahora sé que si jaja, ya me he ido dando cuenta. Todos los demás también los hago.
    ¡Saludos!

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  4. ¡Hola Ana!

    De gatos ni hablemos no? jajajaja en eso coincido 100% contigo!

    Café! café! caféeeeeeee verano, invierno.. el café es mi vida! creo que si me analizaran la sangre detenidamente deberían encontrar un alto porcentaje de cafeína... aunque sospecho que lo mío ya no es sangre sino café corriendo por mis venas... mucho café es malo pero no puedo evitarlo, llego a tomar hasta 6 tazas al día *-*¨en verano igual, me muero de calor pero ... al menos un café diario es inevitable.

    Cargar libros en el bolso pues claro! aunque a veces hago trampa y llevo la tablet XD ... menos peso y menos libros destartalados jijiji

    Leer en espacios públicos, me ha pasado que estoy en la cola del super o del banco o de algún trámite y saco el libro me pongo a leer y parece un imán para que la gente que está adelante o detrás se te ponga a charlar ¬¬ (encima de cualquier cosa como el clima)

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  5. Hola :)
    Coincido en casi todo ;) Gatos y libros van totalmente bien juntos, no tomo café (solo) así que acompaño la lectura de un buen té, y si no leyera en el transporte público casi que no lo haría y por eso hay que llevar siempre un libro encima. Siempre. El otro día se me terminó el que estaba leyendo a mitad del viaje (que es bastante largo) y me quise matar porque me aburrí como un hongo :/ Lección aprendida, si al libro que estoy leyendo le quedan pocas páginas tengo que llevar uno de repuesto.
    Me encantó la entrada, saluditos!

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Venga, despotrica.